ESCUCHANOS EN EL SIGUIENTE REPRODUCTOR:

ESCUCHANOS DESDE TU PLATAFORMA PREFERIDA




Cronica Hellfest 2025 DOMINGO 22 Junio


CYPPRESS HILL:

Hip hop callejero, guitarras pesadas y olor a pólvora verde en territorio extremo.

Hay conciertos que no deberían funcionar sobre el papel… y luego está Cypress Hill en el Hellfest, que directamente aplastan cualquier duda a base de bajos, actitud y memoria histórica. No vinieron a pedir permiso ni a jugar a la nostalgia amable: vinieron a ocupar terreno en uno de los festivales más metaleros del planeta y lo hicieron como solo una banda con tres décadas de calle puede hacerlo.

Desde el arranque ya se notaba que esto no iba a ser un show “crossover simpático”. El collage inicial —“There Goes the Neighbourhood / Seven Nation Army / Mr. Sandman / Enter Sandman”— fue un mensaje claro: sabemos dónde estamos y vamos a retorcerlo. Cuando cae Enter Sandman, el público metalero muerde el anzuelo sin ironía. Aquí no hay guiños blandos: hay apropiación y colmillo.

El DJ Lord intro es el encendido del motor. Y a partir de ahí, Cypress Hill entra en modo rodillo.

“I Wanna Get High” y “Cisco Kid” convierten el recinto en una nube densa donde conviven chalecos de parches, rastas, camisetas de Slayer y ojos rojos mirando al escenario con una sonrisa cómplice.

“Dr. Greenthumb” y “Hits From the Bong” caen como clásicos incontestables. No importa cuántas veces los hayas escuchado: en directo siguen teniendo peso, groove y mala intención. B-Real mantiene ese tono nasal que es marca registrada y Sen Dog dispara barras con la contundencia de alguien que nunca tuvo que demostrar nada.

El tramo medio es puro músculo:


“When the Shit Goes Down”, “Hand on the Pump”, “I Ain’t Goin’ Out Like That”, “A to the K” y “Cock the Hammer” funcionan casi como un set hardcore. Aquí el pogo ya no distingue géneros: es violencia rítmica compartida.

“Insane in the Brain” es el estallido absoluto. Si alguien pensaba que este tema estaba gastado, el Hellfest lo desmiente: miles de gargantas gritándolo como si fuese un himno thrash. Porque lo es. En espíritu, al menos.


Tras el solo de DJ y percusión, con scratches quirúrgicos y ritmo tribal, llega el momento de recordar de dónde viene todo esto.

“The Choice Is Yours” (snippet de Black Sheep) es respeto a la vieja escuela.

“How I Could Just Kill a Man” vuelve a poner el puño en alto.

Y entonces… la bomba:

“Bombtrack” de Rage Against the Machine. No como chiste, no como cover simpático, sino como acto político y sonoro. El público lo recibe como propio porque lo es: Rage es familia, y Cypress lo sabe.

El cierre es puro statement:

“Can’t Get the Best of Me”, “(Rock) Superstar” —con todo el veneno contra la industria intacto— y “Jump Around”, que convierte Clisson en un terremoto colectivo. Sí, House of Pain, sí, cliché… pero dime tú si no saltaste.


Conclusión:

Cypress Hill no fue una rareza en el Hellfest 2025. Fue una lección.

Una demostración de que el metal extremo y el hip hop más callejero comparten ADN: rabia, ritmo, confrontación y verdad.

No vinieron a ser “los raperos del cartel”. Vinieron a recordarle al metal de dónde sale la actitud.

Y el Hellfest, esta vez, olió a hierba, sudor y revolución.


Setlist:

There Goes the Neighbourhood / Seven Nation Army / Mr. Sandman / Enter Sandman

(DJ Lord intro)

I Wanna Get High / Cisco Kid

Dr. Greenthumb

Hits From the Bong

When the Shit Goes Down

Hand on the Pump

I Ain't Goin' Out Like That

A to the K

Cock the Hammer

Insane in the Brain

DJ and Percussion Solo

The Choice Is Yours

(Black Sheep cover) (Snippet)

How I Could Just Kill a Man

Bombtrack

(Rage Against the Machine cover)

Can't Get the Best of Me

(Rock) Superstar

Jump Around



GUTALAX:

Grindcore escatológico, flotadores hinchables y la derrota definitiva del buen gusto.

Hay bandas que llegan al Hellfest con discos nuevos, discursos solemnes o producción de guerra.

Gutalax llega con papel higiénico, disfraces ridículos y una misión clara: convertir el festival más extremo de Europa en un retrete colectivo. Y lo logran. Sin discusión.

Desde que suena “Assmeralda”, el escenario deja de ser un escenario y pasa a ser una fiesta absurda, marrana y gloriosamente estúpida. El público ya está entregado: flotadores volando, gente disfrazada de váter, monos hinchables, y esa sensación de que aquí no ha venido nadie a tomarse nada en serio… excepto la brutalidad.

“Nosím místo ponožky kousek svojí předkožky” y “Shit of It All” confirman lo evidente: Gutalax no toca grindcore, dispara ráfagas de mierda sonora a una velocidad obscena. Batería como ametralladora, guitarras como una licuadora rota y voces que parecen salir directamente de una alcantarilla checa.

“Buttman” es ya el punto de no retorno. El pogo se transforma en un carnaval grotesco, donde metaleros con camisetas de Mayhem chocan contra tipos vestidos de excremento gigante. Y nadie se ríe de Gutalax; todo el mundo se ríe con Gutalax.


Entonces llega el momento mágico:

“Celebration” de Kool & the Gang. Sí. En el Hellfest. Con Gutalax.

Y funciona. Porque cuando miles de personas corean un tema disco entre blast beats imaginarios, entiendes que este festival también va de romper normas.

El tramo central es una sucesión de títulos que parecen escritos por un niño poseído por Napalm Death:

“Šoustání prdele za slunné neděle”, “Robocock”, “Satan’s Arrival”, “Kocourek Mourek podráždil si šourek”.

No importa si entiendes checo o no: el lenguaje aquí es el ritmo y el asco.

“Diarrhero” y “Vaginapocalypse” son picos de violencia grind sin anestesia. Cortos, salvajes, directos al estómago. Gutalax puede parecer un chiste, pero tocan como una apisonadora. No hay ironía musical: el respeto al género es total, aunque la temática sea puro retrete.

“Fart and Furious” desata otra tormenta de cuerpos volando, seguido del intro de “King Cock”, que es básicamente una fanfarria para el desastre.

“Total Rectal” y “Shitbusters” suenan como si Carcass hubiera decidido perder completamente la cabeza y cambiar los bisturís por laxantes.

“Strejda Donald” mantiene el delirio y prepara el terreno para el cierre perfecto:

“I’m So Excited”.Sí. The Pointer Sisters.Sí. Grindcore.Sí. Funciona.Y sí: el Hellfest entero salta como si acabara de aceptar que el metal extremo también puede ser una payasada sin perder ni un gramo de potencia.


Conclusión:

Gutalax no vino a tocar el mejor concierto del Hellfest 2025.

Vino a tocar el más liberador.

En un festival cargado de solemnidad, fuego, muerte y épica, Gutalax recordó algo esencial:

el metal extremo también nació para reírse, provocar y ensuciarlo todo.

Salimos cubiertos de sudor, cerveza… y dignidad perdida.

Y fue maravilloso.

Setlist::

Assmeralda

Nosím místo ponožky kousek svojí předkožky

Shit of It All

Buttman

Celebration (Kool & the Gang song)

Šoustání prdele za slunné neděle

Robocock

Satan's Arrival (Revolt Production Music song)

Kocourek Mourek podráždil si šourek

Diarrhero

Vaginapocalypse

Fart and Furious

King Cock (Intro sample)

Total Rectal

Shitbusters

Strejda Donald

I'm So Excited







LINKIN PARK:

Memoria, herida abierta y catarsis colectiva bajo el fuego del metal.

Había una tensión extraña en el aire antes de que empezara el concierto de Linkin Park en el Hellfest 2025. No la tensión del escepticismo fácil, sino algo más denso: expectativa mezclada con respeto, con esa pregunta que nadie decía en voz alta pero que flotaba sobre Clisson como una nube pesada. ¿Cómo suena Linkin Park aquí, ahora, en este contexto, después de todo?

La respuesta llega sin rodeos.

“Somewhere I Belong” abre el set y el festival entero canta como si estuviera cerrando una herida antigua. No hay fuegos artificiales innecesarios, no hay exceso: hay emoción contenida y un sonido sorprendentemente robusto para un escenario acostumbrado a riffs más extremos.


“Lying From You” y “From the Inside” empujan el show hacia el terreno del nu metal más agresivo. Las guitarras pesan más de lo que muchos recordaban y el público del Hellfest —que no regala nada— responde con puños en alto y pogos discretos pero sinceros.

La primera sorpresa llega con “The Emptiness Machine”. Tema nuevo, recepción inmediata. No suena a experimento forzado ni a nostalgia reciclada: suena a banda viva, con intención de seguir hablando desde la oscuridad, no de vivir solo de ella.

El concierto se estructura en actos, casi como si fuera una obra emocional.

En el Act II, con “Creation Intro A” y “The Catalyst”, el tono se vuelve más épico, más atmosférico. “Burn It Down” y “Two Faced” refuerzan esa dualidad tan Linkin Park: electrónica y metal, fragilidad y rabia, luz y colapso.

“Waiting for the End” es uno de los momentos más intensos de la noche. No por la violencia, sino por la comunión absoluta. Miles de personas cantando un tema que, en este contexto, suena más a despedida que nunca.

“Up From the Bottom” mantiene el pulso emocional antes de que “One Step Closer” devuelva al público al terreno físico, al grito primal, al origen.


El Act III es el corazón del concierto.

“Break/Collapse”, “Lost” y “Overflow” se sienten casi confesionales. No hay discursos largos, no hay explicaciones: la música hace el trabajo pesado.

“What I’ve Done” y “Numb” son recibidas como himnos generacionales. No importa cuántas veces los hayas escuchado; aquí pesan distinto.


“In the End” convierte el Hellfest en un coro masivo. No es un momento épico al uso: es una aceptación colectiva.

Y entonces “Faint” estalla con una energía que demuestra que Linkin Park, cuando aprieta, sigue siendo una banda de impacto.

El encore no baja el listón.

“Papercut” y “A Place for My Head” conectan directamente con el público más metalero, recordando que Linkin Park siempre tuvo más colmillo del que muchos quisieron admitir.

“Heavy Is the Crown” refuerza esa idea: el peso del legado, del nombre, de seguir adelante.

Y “Bleed It Out” cierra como debe cerrarse un concierto aquí: sudor, gritos, saltos y liberación.

Conclusión:

Linkin Park no vino al Hellfest 2025 a demostrar que son “lo bastante metal”.

Vino a demostrar algo más difícil: que la emoción también puede ser pesada, que el dolor compartido puede sonar tan fuerte como cualquier distorsión extrema.

No fue el concierto más brutal del festival.

Fue, probablemente, uno de los más humanos.

Setlist:

Somewhere I Belong

Lying From You

From the Inside

The Emptiness Machine

Act II

Creation Intro A

The Catalyst

Burn It Down

Two Faced

Waiting for the End

Up From the Bottom

One Step Closer

Act III

Break/Collapse

Lost

Overflow

What I've Done

Numb

In the End

Faint

Encore:

Resolution Intro A

Papercut

A Place for My Head

Heavy Is the Crown

Bleed It Out







WALLS OF JERICHO:

Hardcore sin maquillaje, puños en alto y la vieja escuela pasando por encima de todo.

En un Hellfest cada vez más grande, más diverso y más espectacular, hay conciertos que funcionan como recordatorio. Recordatorio de por qué el hardcore sigue siendo peligroso cuando se hace bien.

Walls of Jericho no vino a adornar el cartel ni a posar para la foto: vino a arrancar cabezas a ras de suelo.

Desde el primer segundo con “The American Dream”, el escenario se convierte en una zona de impacto. No hay intros largas ni ambientaciones épicas: hay gritos, riffs cortantes y una tensión física que se siente en el pecho. Candace Kucsulain entra como un huracán, dominando el escenario con esa mezcla de rabia, control y presencia que solo tienen las voces que han sangrado este género durante años.


“A Trigger Full of Promises” y “I Know Hollywood and You Ain’t It” caen como ladrillos. El sonido es seco, directo, sin adornos. El público responde como debe: circle pit violento, stage diving constante y una sensación clara de que aquí nadie está mirando el móvil.

Con “All Hail the Dead” y “There’s No I in Fuck You”, Walls of Jericho demuestra que su mensaje sigue intacto. Hardcore politizado, confrontacional, sin moralejas suaves. Candace no predica: escupe verdades mientras la banda aprieta con una precisión demoledora.


“A Little Piece of Me” y “No One Can Save You From Yourself” bajan ligeramente el tempo, pero no la intensidad. Son momentos de tensión emocional, de letra y peso, donde el Hellfest se siente menos festival y más sótano sudoroso.

“Forever Militant” es uno de los picos del concierto. Himno absoluto. El público lo corea como si fuera un manifiesto.

“Why Father” y “A Day and a Thousand Years” mantienen el filo, con un groove aplastante que demuestra por qué esta banda siempre ha tenido un pie en el metal sin perder el espíritu hardcore.


La recta final es un asalto frontal:

“Feeding Frenzy”, “Reign Supreme” y “Relentless” suenan como una declaración de intenciones. No hay nostalgia cómoda aquí: hay vigencia.

“Playing Soldier Again” vuelve a cargar el contenido político, sin discursos, solo con impacto.

Y el cierre con “Revival Never Goes Out of Style” no podría ser más apropiado. No es solo un título: es una afirmación. El hardcore no necesita reinventarse cuando sigue funcionando así de crudo.

Conclusión:

Walls of Jericho dio uno de los conciertos más físicos y honestos del Hellfest 2025.

Sin pirotecnia, sin poses, sin concesiones.

En medio de un festival gigantesco, recordaron algo esencial:

el hardcore no se mira, se sobrevive.

Setlist:

The American Dream

A Trigger Full of Promises

I Know Hollywood and You Ain't It

All Hail the Dead

There's No I in Fuck You

A Little Piece of Me

No One Can Save You From Yourself

Forever Militant

Why Father

A Day and a Thousand Years

Feeding Frenzy

Reign Supreme

Relentless

Playing Soldier Again

Revival Never Goes Out of Style









Cronica Hellfest 2025 SABADO 21 Junio

DREAM THEATER:

Virtuosismo sin concesiones en territorio hostil (y conquistado).

Hay bandas que llegan al Hellfest como depredadores naturales, y otras que lo hacen como intrusos teóricos… hasta que empiezan a tocar. Dream Theater pertenece a esa segunda categoría. Prog metal en un festival dominado por el riff primario, el blast beat y la catarsis directa. Sobre el papel, riesgo. En la práctica: una clase magistral que obliga a escuchar.

Abren con “Night Terror”, tema reciente, oscuro y musculoso, que funciona como carta de presentación perfecta para este contexto. No hay florituras innecesarias: hay peso, tensión rítmica y una banda sonando quirúrgicamente afilada. Desde el primer compás queda claro que Dream Theater no ha venido a suavizar su propuesta para encajar: ha venido a imponer su lenguaje.


El salto a Metropolis Pt. 2 con “Strange Déjà Vu” y “Fatal Tragedy” es un regalo para los fieles, pero también una prueba de fuego ante un público menos paciente. Y sorprendentemente, funciona. El Hellfest escucha. No hay pogo masivo, pero sí atención absoluta. John Petrucci se mueve entre riffs pesados y solos milimétricos con una naturalidad insultante, mientras Jordan Rudess teje capas que elevan el conjunto sin perder agresividad.

“Panic Attack” es el punto de conexión total. Técnica extrema con pulso casi thrash, batería inhumana y un estribillo que entra incluso en oídos no prog. Aquí el público reacciona con fuerza: cabezas moviéndose, puños en alto, respeto ganado.


“The Enemy Inside” y “Midnight Messiah” refuerzan la cara más contemporánea y directa de la banda. Menos viaje cósmico, más golpe seco. El sonido es potente, especialmente el bajo y la batería, que empujan cada cambio de compás con una precisión que roza lo antinatural.

Con “Peruvian Skies” llega el momento atmosférico, casi introspectivo, que demuestra que Dream Theater también sabe crear tensión sin velocidad. La transición hacia “As I Am” es perfecta: de la contención al riff puro. Uno de los momentos más pesados del set, con Petrucci soltando fuego y el público respondiendo como ante un headliner de metal clásico.

El cierre con “Pull Me Under” es inevitable y necesario. Puede que esté gastada para algunos, pero en este contexto funciona como síntesis: técnica, melodía y peso. Clisson canta, quizás no con devoción prog, pero sí con reconocimiento.


Conclusión:

Dream Theater no dio el concierto más visceral del Hellfest 2025.

Dio, probablemente, el más exigente.

En un festival donde manda el impacto inmediato, demostraron que la complejidad también puede ser pesada, y que el virtuosismo, cuando está al servicio del metal, no es elitismo: es otra forma de violencia sonora.

Setlist:

Night Terror

Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu

Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy

Panic Attack

The Enemy Inside

Midnight Messiah

Peruvian Skies

As I Am

Pull Me Under




JUDAS PRIEST:

Acero eterno, cuero en llamas y el manual definitivo del heavy metal.

Hay bandas que encabezan el Hellfest por trayectoria.

Judas Priest lo hace por autoridad. No vienen como reliquia, ni como homenaje a sí mismos: vienen como los arquitectos del heavy metal, dispuestos a recordar —otra vez, por si alguien lo olvidó— quién escribió las reglas.


Desde el primer disparo de “All Guns Blazing”, el festival se transforma en una zona de guerra. Es un inicio sin piedad, rápido, afilado, con guitarras gemelas cortando el aire y Rob Halford entrando como un general veterano que aún sabe cómo liderar la carga. No hay calentamiento: Priest entra a matar.

“Hell Patrol” mantiene el pulso alto, demostrando que el material más agresivo de su discografía sigue siendo una apisonadora en directo. Y cuando llegan “You’ve Got Another Thing Comin’” y “Breaking the Law”, el Hellfest entero se rinde. Himnos universales, coreados por metaleros de todas las generaciones, sin ironía ni cansancio.


El set se vuelve más oscuro con “A Touch of Evil” y “Night Crawler”. Aquí Priest saca colmillo, atmósfera y peso. Halford juega con las sombras, la banda aprieta el groove y el público responde con silencio atento y explosiones puntuales de euforia. Metal clásico, sí, pero con mala intención intacta.

“Battle Hymn” y “One Shot at Glory” refuerzan el lado épico. No es épica grandilocuente: es épica de acero, de riffs que suenan a martillo y estribillos que levantan puños. “Gates of Hell” introduce la etapa más reciente, y lo hace con dignidad: suena actual, pesada y perfectamente integrada en el set.

El tramo central es puro manual de supervivencia metalera:

“Between the Hammer and the Anvil” cae como una losa, con ese riff mecánico que parece diseñado para una fábrica infernal.

“The Serpent and the King” y “Giants in the Sky” demuestran que Judas Priest no vive solo del pasado. Siguen componiendo canciones con músculo, melodía y ese ADN inconfundible que nadie ha logrado copiar del todo.


Y entonces llega “Painkiller”. El momento. La prueba final. Cuando el doble bombo arranca y Halford sube a registros inhumanos, el Hellfest explota. No importa cuántos años tenga la canción o la banda: esto sigue siendo una prueba de resistencia. Y la superan sin pestañear.

El encore es puro ritual.

“Hell Bent for Leather”, con la estética clásica, el ritmo de motocicleta y el espíritu rebelde intacto.


Y “Living After Midnight” cerrando como debe cerrarse: celebración, sudor, sonrisas y la certeza de haber presenciado algo fundacional.


Conclusión:

Judas Priest no dio un concierto nostálgico en el Hellfest 2025.

Dio una lección de permanencia.

El heavy metal no envejece cuando se toca con convicción, con fuego y con respeto por su propia historia.

Y esta noche, en Clisson, el acero seguía ardiendo.

Setlist:

All Guns Blazing

Hell Patrol

You've Got Another Thing Comin'

Breaking the Law

A Touch of Evil

Night Crawler

Battle Hymn

One Shot at Glory

Gates of Hell

Between the Hammer and the Anvil

The Serpent and the King

Giants in the Sky

Painkiller

Encore:

Hell Bent for Leather

Living After Midnight





ROSS THE BOSS:

El trueno original del heavy épico, sin filtros ni concesiones.

En un festival mastodóntico como el Hellfest, lleno de pantallas gigantes y producciones descomunales, hay conciertos que funcionan como acto de fe. Ross the Boss no necesita fuegos ni artificios: necesita riffs, actitud y memoria histórica. Y con eso basta para levantar un templo de acero en mitad de Clisson.


Desde el primer acorde de “Blood of the Kings”, queda claro que aquí no hay revisionismo ni reinterpretaciones modernas. Esto es Manowar en estado primigenio, tocado por una de las manos que ayudó a forjarlo. El sonido es crudo, directo, casi old-school hasta el hueso, y el público —chalecos de cuero, puños en alto, miradas cómplices— lo recibe como se recibe a un viejo guerrero.

“Sign of the Hammer” y “Kill With Power” caen como martillazos. No hay ironía, no hay distancia: hay convicción absoluta. Ross Friedman toca estos riffs como si nunca hubieran dejado de ser actuales, y la banda responde con músculo y respeto, sin intentar modernizar lo que no lo necesita.


Con “Fighting the World” y “Black Wind, Fire and Steel”, el concierto entra en territorio puramente épico. Aquí el Hellfest se transforma en un campo de batalla imaginario, donde miles de metaleros corean letras que hablan de honor, fuerza y hermandad. Puede sonar anacrónico para algunos; para otros, es la esencia misma del heavy metal.

“Kings of Metal” es recibida como lo que es: un himno inmortal. No importa que no esté Manowar al completo en el escenario; el espíritu está ahí, vivo, rugiendo en cada estribillo. “Battle Hymn” refuerza esa sensación de ritual colectivo, de canción que no se escucha: se jura.

El cierre con “Hail and Kill” es puro exceso metálico. Rápida, agresiva, directa al cuello. El público responde con una última descarga de energía, conscientes de estar presenciando algo más que un concierto: una reivindicación.


Conclusión:

Ross the Boss no vino al Hellfest 2025 a competir con nadie.

Vino a recordar de dónde viene el heavy metal épico, antes de la caricatura, antes del marketing, cuando todo se basaba en riffs y actitud.

Puede que no haya sido el concierto más técnico, ni el más moderno, ni el más espectacular.

Pero fue uno de los más auténticos.

Y e un festival como este, eso vale oro… o mejor dicho: acero.

Setlist:

Blood of the Kings

Sign of the Hammer

Kill With Power

Fighting the World

Black Wind, Fire and Steel

Kings of Metal

Battle Hymn

Hail and Kill




SAVATAGE:

Teatro, tragedia y heavy metal con alma.

Hay regresos que se celebran y otros que se sienten. El de Savatage en el Hellfest 2025 pertenece claramente a la segunda categoría. No fue solo un concierto: fue una evocación, un recordatorio de que el heavy metal también puede ser dramático, elegante y profundamente emocional sin perder un ápice de potencia.


Desde los primeros compases de “The Ocean”, el ambiente cambia. El sonido es envolvente, casi cinematográfico, y el público —muchos con lágrimas contenidas, otros simplemente en silencio reverencial— entiende que esto no va a ser un show de impacto inmediato. Esto va de atmósfera y narrativa.

“Welcome” y “Jesus Saves” introducen el lado más combativo de Savatage. Riffs afilados, coros poderosos y esa mezcla única de heavy metal clásico con teatralidad oscura. No hay exageración visual: la música lo ocupa todo.


“Strange Wings” es uno de los primeros momentos realmente especiales de la noche. El Hellfest se convierte en un coro masivo, pero sin desmadre: con respeto. Aquí se canta con el pecho, no con el cuello.

Con “Handful of Rain” y “Chance”, el concierto entra en una fase más introspectiva. Son canciones que no buscan el golpe directo, sino conectar emocionalmente, y funcionan. El público escucha, asimila, acompaña.

“Gutter Ballet” es, sencillamente, majestuosa. Una de esas canciones que definen a una banda y que en directo adquiere una dimensión casi litúrgica. El silencio entre frases dice tanto como los aplausos.

“Edge of Thorns” devuelve parte de la energía más rockera y directa, sin romper el tono solemne del concierto. “Believe” es el punto más delicado de la noche. Aquí la emoción es tangible, especialmente para quienes conocen la historia detrás de la banda. No hay palabras de más: la canción habla sola.


El tramo final aprieta con “Power of the Night”, recordando que Savatage también sabe ser duro y veloz cuando quiere. Y el cierre con “Hall of the Mountain King” es apoteósico: épico, teatral, perfecto. El Hellfest canta, salta y celebra, consciente de estar despidiendo algo irrepetible.

Conclusión:

Savatage no dio un concierto pensado para conquistar a nuevos públicos a base de impacto.

Dio un concierto para reafirmar su legado.

En un festival dominado por la brutalidad y el volumen, Savatage recordó que el heavy metal también puede ser arte dramático, emoción pura y memoria viva.

Y durante una hora, Clisson no fue un festival:

fue un escenario de ópera metálica.

Setlist:

The Ocean

Welcome

Jesus Saves

Strange Wings

Handful of Rain

Chance

Gutter Ballet

Edge of Thorns

Believe

Power of the Night

Hall of the Mountain King